Cómo empezar a improvisar (sin experiencia y sin hacer el ridículo)

Por Carla Vigara

Tenemos una buena noticia y una mala.

La mala: vas a tener que probar.

La buena: todo el mundo que empieza está exactamente igual que tú.

No necesitas haber hecho teatro. Ni tener experiencia. Ni ser especialmente gracioso. Ni haber nacido con una capacidad sobrenatural para inventarte cosas mientras tres personas te miran.

NECESITAS VENIR A UNA CLASE.

Sí. Ya.

¿UNA CLASE? ¿YO? ¿DELANTE DE GENTE?

Buaaahhh. Horror. Puede ser.

Pero la impro tiene una cosa chunga e ineludible: se aprende haciéndola. Puedes leer sobre improvisación, ver vídeos, escuchar un podcast sobre creatividad y hacerte un máster en «cómo perder el miedo a hacer el ridículo», «navegar la incertidumbre», comprarte un libro de autoayuda o echarte unas cañas con nosotros que nos apasiona el tema y te vamos a soltar una chapa (que además te hipnotizará y entrarás en la secta, así que ojo).

O…

Puedes venir y jugar.

En media sesión vas a aprender más sobre improvisar que leyendo veinte manuales. Y, de paso, descubrirás que el resto de la peña está demasiado ocupada intentando no hacer el ridículo como para fijarse demasiado en ti.

En WIT, la primera clase es gratis y está pensada para gente que empieza. Sin experiencia previa. Sin audición. Sin tener que demostrar nada.

Vienes, pruebas y luego decides.

Déjate de hostias.

¿Necesito experiencia o talento para hacer impro?

No.

Tampoco para aprender a montar en bici. Y sospechamos que tampoco para aprender a hacer croquetas, aunque ahí no nos queremos meter.

Las clases de iniciación están pensadas precisamente para gente que no tiene experiencia haciendo impro. Por eso es INICIACIÓN.

No hace falta ser actor o actriz. De hecho, en una clase puedes encontrarte informáticos (en nuestra escuela por algún motivo FIJO que al menos uno te encuentras en tu grupo), consultores, diseñadores, enfermeros, profesores, abogados, gente que trabaja en marketing y personas que todavía no saben muy bien qué hacen con su vida.

Lo normal, vaya.

Tampoco hace falta tener un talento especial para improvisar.

La creatividad no es un don que unos reciben al nacer y otros pierden en la maternidad.

Se entrena.

Y la impro no es sólo un sitio estupendo para entrenarla, es el MEJOR SITIO. La mejor herramienta. Porque no puedes quedarte esperando a que llegue la inspiración. Tienes que hacer algo con lo que tienes delante.

Y darle.

¿Necesito tener gracia?

No.

De hecho, intentar tener gracia suele ser una forma bastante eficaz de dejar de tenerla.

Cuando empiezas a improvisar, es muy habitual pensar que tienes que ser ingenioso, ocurrente nivel dios, rápido, brillante y, si puede ser, hilarante.

Tranquilidad.

Primero aprende a jugar.

El humor aparece muchísimo más cuando dejas de perseguirlo como si fuera un Pokémon legendario y empiezas a escuchar, aceptar propuestas y jugar con lo que está ocurriendo.

La creatividad también funciona así: menos esperar a que se te ocurra algo genial y más aprender a sacar partido de lo que ya tienes.

Me da vergüenza y me aterra hacer el ridículo. ¿Es normal?

Sí.

No conocemos a nadie que se levante por la mañana pensando: «Qué ganas tengo hoy de hacer el ridículo delante de desconocidos».

Es una objeción bastante universal.

El primer día puedes entrar con cierto nudo en el estómago. Es posible que pienses que todo el mundo sabe lo que hace menos tú. También es posible que, cinco minutos después, estés riéndote de una barbaridad que acabas de inventarte con alguien a quien conociste hace cinco minutos.

Porque en una clase de impro pasa algo curioso: descubres que equivocarte no es el accidente que interrumpe el juego. Es el juego.

Y cuando nadie está esperando que hagas todo perfecto, ocurre algo bastante liberador: Te sueltas.

El sentido del ridículo, además, es como un músculo atrofiado: si no lo utilizas, cualquier movimiento te parece una atrocidad.

Hay que estirarlo.

Sin hostias, pero hay que estirarlo.

¿Qué se aprende primero en impro?

A escuchar.

Pero escuchar de verdad, no ese «sí, sí, te escucho» que en realidad significa «estoy esperando mi turno para hablar».

En impro, lo que hace tu compañero/a importa. Mucho.

Si propone algo, lo recoges. Si cambia la dirección de la escena, acompañas. Si aparece una idea mejor que la tuya, abandonas la tuya y abrazas la nueva.

Eso es una parte fundamental de la filosofía de la impro: construir con las demás personas en lugar de intentar imponer tu propia genialidad.

El famoso «sí, y además».

Y no, no significa decir «sí» a absolutamente todo cual NPC con problemas de autoestima.

Significa aceptar la realidad que estáis construyendo y aportar algo que la haga avanzar. Después llegarán las escenas, los personajes, las historias, los juegos y el escenario.

En WIT no esperamos a que estés «preparado/a» para subirte a un escenario.

Subes, haces impro y aprendes a estar preparado/a haciéndola. (Cuando tú consideres, eso sí, tiempos respetados, faltaría más. Pero tira, anda, tira).

¿Por dónde empiezo a hacer impro en Madrid?

Tienes varias opciones, según cuánto quieras mojarte.

La opción cobarde

Venga, va, la prudente.

Ven a una clase de prueba gratis. Pruebas una sesión completa, conoces cómo trabajamos y luego decides si esto te interesa. Compromiso ninguno.

La opción «vale, vamos a hacerlo»

Apúntate a Iniciación.

Son clases semanales para empezar desde cero y aprender las bases de la improvisación teatral mientras haces exactamente eso: improvisar.

En WIT, el curso de Iniciación es los martes de 19:30 a 22:00 y cuesta 60 €/mes.

La opción «yo sólo quería probar una cosita»

Tenemos el WITNASIO: una clase suelta un domingo al mes por 15 €.

Para catar.

Aunque ya sabemos cómo suele acabar esto ;-)

¿Y si primero quiero ver un show?

También.

No hace falta lanzarte al vacío sin mirar. Si eres voyeur confeso/a, vente a ver un espectáculo. Siéntate tranquilamente en tu butaca (o silla plegable con cojín, en nuestro caso) y observa cómo otras personas se inventan una historia delante de ti sin saber qué va a pasar.

Tenemos un teatro de 50 plazas (sillas plegables con cojín) en Puerta del Ángel y una programación mensual de comedia sin guión.

Verás una escena. Probablemente te hará gracia. Y también, sin ser nosotros oráculos ni nada, pensarás: «Yo quiero».

Aquí estamos también para cuando aparezca el clásico pensamiento dos:

«Pero yo no podría».

Que sí podrías. Plasta. Vente a clase y te lo demostramos en un pispás. No porque todo el mundo tenga un talento secreto esperando ser descubierto. Sino porque la creatividad SE ENTRENA. Improvisar se aprende COMO TODO. Nadie nace sabiendo.

Así que hale. A seguir dándole vueltas o a venir a probar.

O puedes venir a probar.

Ya sabes cuál de las dos opciones nos parece más productiva.