Aceptando, que es gerundio
La primera regla de la improvisación es no negar lo que propone el otro. Suena a técnica de escenario, pero es lo que peor se nos da en la vida de fuera.
Cuando salimos a improvisar, no tenemos ni idea de lo que vamos a hacer. Es cierto, no hay nada preparado y el motor que te dan muchas veces te deja más en blanco aún. De repente te viene algo a la cabeza y haces una propuesta, en muchos casos gestual. Por ejemplo, quieres plantear en escena que estás con tu amigo en un bar y te colocas con el codo en una barra imaginaria. Sin embargo, tu compañero, sin darse cuenta de eso, agarra una silla y se sienta delante de un ordenador proponiendo que estáis en una oficina mientras empieza a quejarse de lo agobiado que anda con el proyecto que tenéis entre manos.
Tú, en ese momento, tienes dos opciones. La primera es negar la propuesta: decirle que se deje de hacer el imbécil, pedirte una caña y comentarle que está mal de la cabeza porque no está en ninguna oficina. Esa negación genera un momento muy chancro, pese a que alguien seguro que se reiría.
La otra opción es aceptar la propuesta del compañero, por mucho que tuvieses una historia impresionante en tu cabeza, y trasladarte a la oficina a empezar otra completamente nueva. Puedes jugar el error, remarcando tu postura de apoyo en la barra, y aprovechar para justificarla: por ejemplo, cogiendo un personaje tocapelotas que lo único que hace es darse paseíllos por la oficina sin hacer ni el huevo. Fijo que alguno habréis coincidido en vuestra vida con alguno de estos.
Lo importante en impro, para que las escenas queden limpias, es no ignorar las propuestas de los demás. Coger el contexto que crean tus compañeros y traer algo nuevo. Eso que en impro nos toca hacer muy a menudo, que es adaptarnos a la realidad que ha marcado un compañero, en la vida real resulta más complicado. En nuestro día a día tenemos nuestras propuestas o expectativas en la cabeza y una idea de lo que más nos gusta, pero es difícil adaptarse a los inconvenientes, cambios, bloqueos, accidentes o simplemente al hecho de que no pase lo que estamos deseando que pase. La vida no sigue el guion que nos gustaría. La gente no nos da a menudo lo que esperamos de ellos. Esto nos provoca frustraciones, enfados, estrés o tristeza.
Si tu jefe te está puteando todo el día, sus motivos tendrá: complejo de inferioridad, una infancia difícil, envidia, ganas de frenar tu talento desbordante. Lo que sea. Lo más sensato es entender qué le mueve a ser tan cabrón, pillarle el truco o quizás empezar a mover tu currículum por donde sea, si ves que las cosas no van a mejorar.
Cuando entiendes que alguien es gilipollas, o que simplemente tiene muchos problemas para cambiar de opinión, pasas a tener un estatus superior al suyo, por mucho que te grite, te contradiga o te humille. Es como tener un superpoder de independencia que, si sabes utilizar, te permitirá darle la vuelta a la situación. Evidentemente tu jefe seguirá ganando más que tú pese a ser un gañán, pero te la resbalará bastante.
Otras veces, muchísimas, los gilipollas somos nosotros mismos. Si lo entiendes, y haces cosas para cambiarlo, reconocer tus errores y mejorar como persona, la vida será bastante mejor. Para ti y para los demás.
Aceptar los hechos es el primer paso para intentar conseguir el objetivo que quieres. La primera escena de The Newsroom es un gran ejemplo de cómo Will McAvoy expone los hechos de por qué Estados Unidos ya no es el mejor país del mundo. «First step in solving any problem is recognizing there is one».
¿Qué es lo que te cabrea? ¿Qué te está generando una ansiedad que te cagas? ¿Qué es lo que te desespera no poder conseguir? ¿Qué te pone triste? Párate un momento, da un paso hacia atrás. Respira. Y acepta. Aceptar la nueva realidad es complicado. En muchos casos no vas a poder y vas a seguir igual, pero el intentarlo ya es un primer paso. Estar preparado para perder, o para saber que la gente no te va a responder como te gustaría, es la mejor manera de llegar al objetivo sin sufrir como un perro en el camino.
«La vida es equilibrar, no estar en equilibrio», decía Alan Watts en The Wisdom of Insecurity. Todo lo que tenemos alrededor está en constante movimiento y no podemos controlarlo. Lo ideal es que seas capaz de llevar bien todos los cambios, las situaciones a las que nos tenemos que enfrentar y, sobre todo, las cosas que no suceden como esperamos o como nos gustaría.
Hay que saber llevar la inseguridad. Tener todo controlado mola, pero es difícil que pase y, sobre todo, que se mantenga. Siempre nos suceden cosas que no esperamos. Ser consciente de que va a haber cambios de guion —el que tenga el guion de esto que avise, que seguro que podemos hacer pasta con él— nos hace perderles el miedo y saber reaccionar con más tranquilidad.
Resumiendo: asume lo que hay y mira siempre las cosas de forma constructiva a partir de los hechos. Siempre van a salir oportunidades.
Life’s a piece of shit, when you look at it… pero luego tiene momentos acojonantes.
Esto se entrena
Aceptar propuestas es literalmente el primer ejercicio de una clase de impro. La primera es gratis y no hace falta ninguna experiencia.